martes, 26 de agosto de 2008

traición

Hundo la nariz entre las sábanas y me quedo quietecita un momento, olisqueándome a mí, aunque suene redundante, tratando de definir en qué me he convertido a través de la parte de mi existencia que transcurre en el sueño. Estoy hecha un ovillo, debo parecer un gran feto amorfo, pero yo siento que estoy genial así, mientras mantengo la ausencia de aire que ya empieza a molestar y recuerdo aquellos tiempos no tan lejanos pero sí entrañables en que jugaba a pensar el futuro que siempre iba a transcurrir en el mismo país fantasma, país desconocido, país heredado, país lucha, país tierra, país mártir, país robado, país lejano, país nuestro donde yo podía estar fácilmente en esa misma posición pero no entre las cobijas sino que en el pavimento oliendo lejanos jazmines agónica en un charco de sangre. Iba a estar esperando un hijo. Muy delgada con el vientre lleno de un amor incondicional. Iba a estar muriéndome sin importarme porque iba a estar cumpliendo con entregar la vida para la liberación de los pueblos. Iba a sentirme conforme y no planeando quedar seca, como ahora. Iba a ser mujer, madre y guerrillera. Iba a ser Nadia.

domingo, 10 de agosto de 2008

"Te vi por última vez en el puerto, querida viajera sin equipaje, y sin embargo eras tan hermosa como la tierra..."

Me acabo de enterar por el a veces despiadado internet que ayer murió el poeta palestino Mahmoud Darwish. Tenía 67 años y era un ícono de nuestra resistencia. La noticia me llegó como balde de agua fría, nadie me preparó para conocerla. Digamos que esto me afecta especialmente porque recién venía saliendo de la muerte de uno de nuestros mejores profesores, don Juan Bustos, pero más aún porque yo amo la poesía y Darwish era mi poeta favorito en todo el mundo junto a Vicente Huidobro, Roque Dalton, Mario Benedetti, y Nadia Prado.
Darwish fue el primer poeta palestino en cuya obra profundicé, y creo que a todos nos pasó algo similar en honor a su obra Carnet de Indentidad. Hoy lo despido improvisadamente como al grande que fue y seguirá siendo mientras recuerdo la forma en que muchos lo reemplazaron por otros grandes como Ghassan Kanaffani, o dejaron la poesía a un lado, reconociendo al intelectualísimo Edward Said como a nuestro cuasi único exponente en el campo de las letras y humanidades. Pero yo seguí fiel a Mahmoud Darwish, me gustaba y me gusta hasta ahora porque en sus versos aparece narrada toda la historia y el sentir de nuestro pueblo, contados por bocas de palestinos y palestinas sencillos, que hacen una vida cotidiana y viven sus vidas, año a año, lidiando con las miles de dificultades producto de la invasión y ocupación de su tierra. Pero pese a eso, pese a todas sus consecuencias, esta gente, este pueblo, es capaz de dar la pelea que significa seguir existiendo y viviendo, así de sencillo. Yo creo que Mahmoud Darwish convirtió eso en su poesía, en su ideología.

Este año junto a él se ha ido el camarada George Habash, ideólogo del Frente Popular para la Liberación de Palestina. Hace casi cuatro fue muerto Arafat, y un año antes, Edward Said.
Cada vez perdemos a nuestros referentes. Quedamos solos, sin respaldo, perdidos entre los recuerdos, añorando épocas que jamás vivimos y que querríamos reiterar. Ellos fueron los revolucionarios, actores de otro mundo. Dieron sus vidas por entero para construir un mundo más justo desde una Palestina laica, soberana y democrática.
Muchos podrán venir y decirme que nada de lo que hicieron sirvió, que cada vez nuestro pueblo está peor, que no hay esperanzas, que las utopías pasaron de moda y que sólo resta resignarnos para ahorrar el dolor por la esperanza.
Si bien sé que nada es igual, y que por eso la ideología marxista hoy debe enfrentar situaciones insospechadas para ella, y por eso nunca dejar de reconstruirse desde su base, también sé que aquello que motivó a escribir al compañero poeta Mahmoud Darwish sigue allí, tanto o más descarnado que antes, y más aún, me consta que todo el trabajo que él y sus compañeros noblemente aportaron para el triunfo de la autodeterminación de los pueblos (léase su poema a Cuba) y de la liberación palestina, es una inspiración para miles de jóvenes que gracias a gente como él pueden conocer nuestra historia, y vivirla de uno u otro modo. Los palestinos no desaparecemos porque hay voces como la de él que nos acompañan diariamente y a cada uno de nosotros, generaciones tras generaciones, en nuestra tarea de ser palestinos llevando la frente en alto en la confianza unida de que el mundo antes de Darwish era peor de lo que es hoy, y sin él nada habría sido lo mismo para nuestra historia. Ésta, sin él, se contaría de otra manera, o sencillamente no se contaría.


"Tus ojos son una espina en el corazón,lacerantes, pero aún así, adorables
los protejo de la tormenta
y lo penetro profundo en la noche y el dolor,
la herida alumbra miles de estrellas,
transforma mi presente en un futuro más amado que mi propio ser y mientras te miro a los ojos olvido que alguna vez fuimos gemelos detrás del portal
Te vi por última vez en el puerto, querida viajera sin equipaje, corrí hacia ti como un huérfano buscando respuesta en la sabiduría ancestral.

¿Cómo es posible que la huerta pueda convertirse en puerto y sin embargo mantenerse verde?
Te vi sobre los picos ariscos pastora sin rebaño correteando y entre las ruinas donde una vez tú fuiste la rama verde.
Me sentí extraño sabiendo que la entrada, los portones, las ventanas y las piedras retumbaban.
Te vi de noche en los cafés lavando platos, te vi en las chimeneas, en las calles,en los potreros, en la sangre cayendo a gotas desde el sol, en la sal marina, en cada grano de arena y sin embargo eras tan hermosa como la tierra
Tu nombre es palestino,

palestinos son también tus ojos,
tu tatuaje,
palestinos tus pensamientos,
tus ropajes,
tus pies,
tus formas,
palestinas las palabras,
palestina la voz,
palestina vives,
palestina mueres".

jueves, 24 de julio de 2008

me reporto, camaradas!

Esta noche siento un nudo en la garganta que no se disuelve con una pastilla ni con una cucharada sopera rellena de manjar. Esta noche he sentido algo que hacía tiempo no sentía y ya tenía olvidado.
Hace mucho, tanto, que no recuerdo cuánto, no tenía la experiencia de arreglarme para ver a alguien con la intención de agradarle. Siento, hasta ahora que es tarde y todo ha pasado, que me veo muy bonita, muy bien. De hecho, antes de verlo no me sentía así, sino que sólo sentía nervios. Quizás para explicar esto debí anticipar que el chico al que veía no me atraía como posible novio, nada de eso, sino que me atraía en general, me gusta de veras, lo que sólo se sabe cuando te impresiona conversar con alguien. Para probarlo, afirmo pues que en las relaciones de los últimos 3 años no había sentido algo así, sino que más bien había tomado la ruta del peor es nada y creído en ella. Pero a éste lo admiraba y fui valiente. Me dirigí hasta su casa en una de las capitales más grandes de América Latina y compartí con él la bombilla de una de las bebidas más importantes en la vida de Benedetti y de tantos otros. Conversamos lentamente, con cierta incomodidad y admiración. Inseguridad de por medio más buenas intenciones. Y no podíamos parar de mirarnos, juro que no.
Pero hay tanto y tantos de por medio.
Que he andado triste, helada y nocturna por esta ciudad con la que nos conocemos tan bien. Deambulando. Lamentando tanto.
Yo debí ser una chica con suerte. Ya no me gusta sufrir, menos si no están mis amigas conmigo.

Sin embargo, no me arrepiento de nada. No hay nadie más guapo, hermoso violentamente hermoso, inteligente, sensible, revolucionario, sencillo y culto que él. Y si lo llegara a haber, no habla con acento argentino, y viste.

domingo, 13 de julio de 2008

una joven sencilla con las uñas pintadas

Ya no recuerdo ni cómo llegábamos al tema (o, más bien dicho, cómo hacía yo para siempre dar con él en las conversaciones en que participaba), pero lo cierto es que este verano recién pasado (más pasado que recién en verdad) en algún lado oí que la rabia y la pena eran inversamente proporcionales. Es decir, para los que fueron más malos que yo incluso en física, a medida que aumenta el uno disminuye el otro y viceversa. Quizás lo saqué a relucir entre tantos grupos y lo pensé yo sola dándome vueltas en el colchón en tan variadas oportunidades para tratar de encontrar al menos una vez en la historia de mi vida en que yo hubiera sentido rabia. Rabia, saben. Ustedes saben cómo es la rabia, cómo la gente se mata y se insulta con rabia, cómo se llora de rabia, cómo los realistas y los poetas malditos narraron la rabia.
Y no.
Yo nunca en la vida sentí rabia. Hasta este verano.

Luego, al volver a la universidad, mi amiga Fernanda nos confirmó que ella nunca en la vida había sentido envidia, entonces me burlé en secreto de todos aquellos que me miraron en el verano con incredulidad cuando los puse al tanto de mi conclusión. Y no porque yo sea especialmente rabiosa, sino porque sentimientos tan tan pero tan humanos como la rabia y la envidia son absolutamente normales, cada uno los siente a su modo, entonces es extrañísimo que alguien a los veintipico de años te afirme que no ha experimentado alguno de esos dos.
El hecho es que no transcurrieron muchos días desde lo de mi gran amiga para que yo supiera cómo era que se sentía la gente rabiosa. Y he seguido sintiéndolo el resto del año por diferentes motivos, saben. Y no es nada agradable, sino todo lo contrario. No es un sentimiento que nunca hubiera experimentado antes, es sólo que antes, creo, yo me lo comía, me angustiaba, sentía una cosa rara en la garganta, ganas de gritar llorar escapar no sé, y luego, las horas iban pasando, por lo general conversaba con alguien, me quedaba dormida, comía dulces, y la angustia momentáneamente al menos se disolvía, y yo podía seguir ingenuamente viviendo.
La rabia es culpa también, pero la diferencia para mí, según descubrí, es que la rabia es una culpa compartida. No te la quedas. Es decir, la parte que te quedas (que no es una porción mezquina precisamente, sino que es una bazofia de porción) se traduce en una impotencia terrible, y lo demás, son ganas de matar a otra persona. Te sientes traicionado. Traicionadas tus expectativas. Y quizás por la forma de ser mía, tan distinta a la de la Fernanda, es que siempre hay un condimento envidioso, ese componente malidicente que me hace sentir desprecio por alguien... eso, cuando siento rabia.
La primera vez que sentí rabia la recuerdo con pesadumbre, con horror, con ganas de que nunca me vuelva a pasar algo como eso. Era una situación súper ultra súper complicada, que más temprano que tarde me haría comprender lo estúpida que fui en situaciones similares y anteriores, y lo estúpida que estaba siendo esa vez también. Pero asumo que ella fue diferente. Porque esa noche, cuando me acosté sola en mi cama, prácticamente autoamordazada para que mis abuelos y mi primo no oyeran mis sollozos furiosos (llenos de rabia, según comprendería), para dormir sola en mi cama y despertar sola en mi cama. A acostarme para dormir bien antes del seminario que había estado preparando con dolor porque hablaba de un tema tan sensible en ese momento, dios, relacionado con lo que después compremdería que era mi rabia, y despertar al puto día con tantas caras que enfrentar, entonces, empecé a dar puñetazos ciegos contra la almohada y a llorar suplicante, víctima, triste, desorientada, maniatada prácticamente para no arrancarme las mechas de la cabeza ni la camisa de dormir a jirones.
Yo no me había sentido así antes. Ni por situaciones como la que había vivido ese día, ni por nada.
Y a medida que opté por alejarme de esas situaciones que me dañaban y me habían sentir tanta rabia, racionalicé y llegué a esta conclusión.
Pero los senderos del destino, que quizás estén escritos de antemano, me condujeron a miles de pruebas que me han hecho sentir rabiosa. Es como que a la vida le hubiera quedado gustando la leserita.
Y mi autoexigencia, cada día más fiera y más en contra mía, ama cada vez más los triunfos, pone cada vez más juntos todos los miles de huevos que le quita, con menudo esfuerzo, a tantísima gallina, los ponga cagados, blancos, coloridos, o de oro, en esa pesada canasta, en esa canasta tan llena de historias que quedan sepultadas, ocultas y mudas entre tanto huevo, y si llega a quebrarse, o tan sólo a trizarse, uno de esos huevitos, es como si se riera de mí a carcajadas estruendosas ese día, el primer día de mi vida, en que, a poco andar para cumplir los 21, sentí rabia.

lunes, 7 de julio de 2008

JUST LIKE HONEY

Hasta la Victoria... siempre!

(Zahira y Nadia)

PD: Alguien debería demandarme por daño moral debido a las cosas que enseño a los niños. Soy peligrosa. Yo debería estar con una camisa de fuerza y mis primas encerradas en casa viendo Sex and the City a escondidas.




viernes, 27 de junio de 2008

Days like this one... when you can do anything but believe in communism.

Ayer en la tarde hacía mucho frío. Sin embargo, salí de mi casa rumbo a la Escuela porque tenía una clase extraordinaria. Pero no me lo tomé a mal, nada de eso. Sino que salí con tiempo y me fui caminando lentamente, audífonos en su hábitat natural, lo que prosiguió durante el viaje en metro, en que me fui pajaroneando, rumeando los otros cansancios, desalientos y preocupaciones, que dicho medio de transporte urbano tiene la "gracia" de tan plenamente exhibir... es algo así como "lo mejor de Santiago" en todos los sentidos posibles. Luego, me dirigí en dirección al San Cristóbal sin estresarme por la combinación semáforos-carabineros, que aletargan algo que debería ser muy expedito, o que al menos así lo fue antes de que Pedro de Valdivia se ambicionara con nadar en el Mapocho y con una bella mapuche para que lo estuviera esperando al volver al fuerte, con la cena lista y otras cosas también. De hecho, mientras cruzo estos semáforos, y reclamo porque me demoro, no sé, quince minutos en algo que naturalmente tomaría cinco, no puedo evitar pensar la rabia que deben sentir los palestinos, que para cruzar una distancia similar, hasta la segunda Intifada se demoraban una hora, y ahora, si es que el ejército de ocupación los deja pasar, se demoran 3 por lo bajo.
Como al segundo semáforo, vi una chica de la misma estatura del gran grupo de chicas que andaban con ella. Pero ella destacaba de entre la multitud, porque aunque compartiera con las otras la misma estatura promedio de las chilenas, se notaba diferente: por su forma de hablar, de vestir,... Era una chica muy sencilla, muy linda. Era de esas personas que desde pequeña he creído que tienen lo que la gente llama ángel, que es como una gracia natural que las vuelve muy asequibles, y para algunos como yo, envidiables. Encima, llevaba unos aros parecidos a los que hace años me regaló mi madre y que ahora, cuando de verdad me gusta ese tipo de aros, justo accidentalmente están rotos.
Entonces apagué la música y permanecí con los audífonos puestos para cachar qué onda. (Algo que rara vez hago... no soy tan voyerista como pudiera creerse).
La muchacha, que a todo esto a diferencia de las otras era rubia natural y por ende en forma pareja en cuanto a su entera cabellera, estaba mostrando a las demás, que eran de su misma edad (y de la mía, dicho sea de paso), la Plaza Italia, el Cerro, el Parque Forestal y la Alameda.
Seguí poniendo atención con la esperanza de descifrar que las cabras eran de región, al igual que una, porque yo antes de llegar tenía un mapa mental de lo que era el corazón de Santiago y me ponían allí, yo daba dos pasos en cualquier dirección, y mágicamente estaba perdida (piensen en lo distinto que se concibió el espacio para construir Temuco y esta metrópoli). Pero no. Eran de acá. Y no llevaban chaqueta.
A la vuelta, pasarían al Emporio de la Rosa, por votación de entre las opciones ofrecidas, a tomar un helado.

¿Se imaginan cómo está de segregada esta ciudad, que, después de todo, entre sus habitantes no cuenta más de 6 millones, que hay algunos de sus originarios que viven en ella por 20 años y no la conocen?
¿Cómo será que nunca los vemos, y ellos en cambio nos ven siempre... en las teleseries y en la publicidad, en los matinales y en las portadas de los diarios?
¿Por qué sólo nos fijamos en ellos, y con ojo más que crítico, cuando son objeto de la crónica roja, e insistimos en mantenerlos allí y castigarlos con cárcel después de vivir, nacer y crecer, en el gueto en que hoy están convertidas las heroicas poblaciones que lucharon contra la dictadura?
¿Por qué soy yo la que sabe y recuerda a Herminda de la Victoria y no esas chicas, aunque a Herminda le hubiera parecido que ellas eran sus hermanas y no yo?

En La Habana hay un barrio que se llama El Vedado. Es un barrio como cualquier otro, sólo que si uno pone atención se da cuenta de que tiene construcciones antiguas que alguna vez fueron deslumbrantemente lujosas. Se llama El Vedado porque antes de la Revolución, no cualquier cubano podía ir allí, sólo los ricos que compartían con los yanquis.
Una reflexión, nada más...

lunes, 23 de junio de 2008

Perdón

A mis lectores, que no son muchos, pero son fieles, por: (tal vez debería decir lectoras: mis 3 mejores amigas)

1- No saber usar bien la tecnología y no esforzarme tanto como debería pretextando falta de tiempo.
2- Como consecuencia de lo anterior, los colores de mi blog no son los que quisiera, no están ni el 1% de las aplicaciones que me gustaría poner, y no hay fotos ni imágenes ni nada.
3- Antes, me preparaba mucho para postear algo, entonces nunca posteaba al final.
Ahora, me preparo tan poco que con cueva leo una vez las cosas antes de subirlas y hay errores formales que no deberían estar firmados por mí, a quien se apodó una vez La señorita de las letras, pero efectivamente lo están. Y porque creo que no se puede, de nuevo dentro de mi ignorancia informática, corregirlos una vez ya publicado el texto.

Pese a lo anterior, gracias por, aún así, postear.
Por mi parte, me rehuso a dejar mails, msn, facebook, y menos aún me preciado blog.