jueves, 27 de febrero de 2014

violencia intrafamiliar

Todo el tiempo es igual en el tribunal. El antes, el durante y el después de la audiencia. Da lo mismo el carácter, la edad, la clase social o el nivel educacional de cada mujer. Siempre es lo mismo. Siempre les tiemblan las manos. Siempre están presionando los dedos, los dedos entre sí, los dedos contra algún santito. Las traicionan los párpados, los labios. Se quiebra la voz cuando los jueces preguntan. No saben qué se les está preguntando, no saben qué es importante decir, qué no. Se habla tan solo, espontáneamente. Se habla tan solo de la crudeza del cotidiano. No calculan cómo se valora eso en contraste con la ley. Sólo cuentan del hambre, del hombre, del hijo. Entre los temblores olvidan los golpes, los maraca, los guatona, los culiá, los putademierda, conchatumadre, malamadremalamujer, no servís pa nah, no servís en la cama. 
Como si al hacerlos obvios desaparecieran. 

jueves, 20 de febrero de 2014

soñándola

Y desde entonces siempre tengo más o menos el mismo sueño, o al menos la misma sensación. Soy yo, soy yo muerta de miedo. Soy yo con la garganta hecha nudo, el estómago ardiendo, las manos gélidas y temblorosas. Soy yo tartamuda. Yo que no me atrevo. Yo, la única que no se atreve, la que no lo logra, la que no lo puede. Todos menos yo. Yo queriendo ser como los demás. Yo entrando a Palestina como los demás. Yo saliendo de Palestina como los demás. Yo viajando por Palestina como los demás. En los sueños lo logro, pero muerta de miedo. Nunca es normal, aún cuando la normalidad sean el horror y la barbarie, o al menos el tedio del interrogatorio, la vulnerabilidad y la impotencia. Nunca es normal, siempre hay algo extraño. O Palestina es extraña, o estoy con gente extraña, o los soldados son extraños. Entonces no estoy en Palestina, aunque esté no estoy. Sigo en un espacio intermedio, en una nada, que solo puedo rellenar con contenido al despertar. Y la relleno con el contenido de la dureza de las noticias, de los pequeños logros de las campañas que me emocionan tanto, de un trabajo silencioso y anónimo que sin embargo, como a tantas personas, nos mantiene en pie. La única forma, paradojalmente, que he encontrado para llenar estas miserias mías, estas miserias cotidianas, es Palestina. Y quizás al darme cuenta de aquello es que anoche volví a soñarlo. Volví a soñarlo y, ahora que lo pienso, no era tan diferente la sensación de extrañeza, eso no cambiaba, Palestina como excepción. Solo que Palestina era hermosa, realmente hermosa, y mientras caminaba pensaba en los sueños, como si los sueños hubieran sido realidades, porque yo veía las antiguas casas, las tiendas, los campos, las plantaciones de olivos, y revivía todos los sueños, que en el sueño no eran sueños, sino memorias de allí, casi como si yo fuera de allí, y me reencontraba con lo que perdí. No había soldados, no había puestos de control. Se iba de la costa hacia el interior y del interior hacia la costa. Pero había algo extraño, estaban nuestros muertos. Nuestros muertos estaban demasiado presentes, más que siempre. 
Con todo, desperté feliz. 


lunes, 2 de diciembre de 2013

sábado, 14 de septiembre de 2013

Refugiados

Leyendo para mi cédula, me puse a pensar en los refugiados palestinos que vivían en Iraq hasta que en 2003 EEUU invadió el país. En ese momento perdieron lo que precariamente habían logrado construir por más de medio siglo, pese a todas las restricciones que el régimen de Hussein les imponía, y debieron huir a Siria. Sin embargo, no pudieron entrar, porque el régimen de Al Assad arguyó el "derecho... al retorno", y debieron improvisar un nuevo campo de refugiados, en mitad del desierto. Algunos de ellos vendrían a Chile, tras gestiones humanitarias de organismos y personas naturales que, a diferencia del régimen sirio y de parte de la colectividad palestina de Chile, no arguyeron el "derecho al retorno". Pensaba también en los refugiados palestinos de Siria, que viviendo por décadas la misma dictadura que los nacionales del país, bajo el mandato de la UNRWA, hoy se enfrentan a la misma guerra civil sin ser nacionales. Y son revictimizados cuando deben en estos momentos abandonar Siria y ser refugiados por segunda vez. Hay sirios que se convierten en refugiados y solicitan asilo en Iraq: ¡en Iraq! (por favor dimensionen el nivel de desesperación de la gente).

Pensaba en la interpretación orientalista, en las películas gringas, que muestran el problema como una cosa de árabes que están hechos/nacen para matarse entre ellos.
Pensaba en cómo algunos y algunas desconocen -negligente o dolosamente- la historia, las historias, al punto de creer que o se está con Assad y Hussein o se está con Obama y Bush. Pensaba en cómo se podría ser pro palestino, característica que los autodenominados anti imperialistas se arrogan para sí mismos y para Assad, y no dejar entrar a cientos de personas cuya "opción", de no entrar a Siria, no era precisamente volver a sus casas, mayormente en Haifa (hoy Israel), sino estar condenados a carpas, en mitad de la nada.

¿Qué piensan ustedes?

lunes, 9 de septiembre de 2013

¿Reconciliación? (a 40 años de luto)


Y no puedo dejar de pensar en la reconciliación. Quizás sea porque nadie en el debate público durante estos días luctuosos ha reflexionado realmente sobre ello. Reconciliación como significante se escapa al mismo castellano (pero no lo quiero dejar en falacia argumental, porque me interesa el fondo).
Entonces me pregunto cuándo es que las chilenas y chilenos hemos estado conciliados (al punto de necesitar reconciliarnos). ¿Habrá sido para la Pacificación de la Araucanía? ¿Con ocasión de la represión a los trabajadores anarquistas durante los primeros años del siglo pasado? ¿Para la masacre de Santa María de Iquique tal vez? ¿O a lo mejor cuando Carlos Ibáñez del Campo perseguía a los homosexuales? ¿Y qué me dicen de la "ley maldita" de Gabriel González Videla? ¿No resulta brutal admitir que desde que la zona central de Chile se constituyó como zona de haciendas tras el terremoto en Perú, los mismos hacendados que eran dueños de la economía nacional, lo que era de los chilenos, debido a la exportación de trigo, eran también quienes pasaban los inviernos en la capital para gobernar desde el Congreso, ¡y que nada de esto –concentración de los poderes económico y político, exportación de las materias primas, no desarrollo industrial, etc.- en el fondo cambia todavía!? ¿Y no es violenta esa situación en la práctica, si se piensa en los peones, que simultáneamente vivían, en pleno siglo XIX-XX, como en la Edad Media? ¿Y los niños huachos, que hasta la reforma legal de 1998 -¡1998!- seguían siendo tratados como huachos por el derecho? Por favor, ¡si en este “reyno” los Portales son héroes patrios!
La verdad es que dramáticamente podría seguir para siempre. Sólo quiero subrayar que estoy de luto por la historia de Chile, no sólo por la –mal- denominada “historia reciente de Chile”. Yo no soy una historiadora, pero desde mi modesta posición social y política, no puedo menos que rendir un homenaje al presidente Allende, pues creo firmemente que su llegada al poder y el proceso que lo antecedió, han sido un paréntesis dentro de la historia de Chile, fueron algo así como la posibilidad que tuvieron quienes habían sido la mano de obra y los úteros baratos, de convertirse en sujetos, e imaginar que podían gobernar sus destinos individuales y colectivos, sin ser perseguidos. Siento una nostalgia profunda de aquella época que no viví. Probablemente sea candidez; hay cuestiones que quizás no veo, no lo discuto. Pero la defensa de ese sueño popular merece omitir cualquier análisis experto. Lo que no voy a omitir es la reflexión y la memoria. Así, sin perdón, sin olvido y sin reconciliación, ciertamente.

miércoles, 11 de abril de 2012

"Mi única patria son las suelas de mis zapatos"

Normalmente, pero especialmente en ciertas fechas conmemorativas, veo toda clase de correos electrónicos y posteos de Facebook, que alguna vez yo misma también hice circular, alusivos a la dignidad, a la fortaleza, al ejemplo que constituyen determinados hombres, determinadas mujeres. Entiendo perfectamente el sentido general de esta práctica masiva entre mis contactos, amigos y familiares: se relaciona con hacer ver, desde la pequeña y pobre trinchera en que luchamos, toda una realidad que los medios de comunicación de masas ignoran intencionalmente y que la gente de todas partes del mundo, por ende, no conoce o no quiere conocer. Son buenas y emotivas intenciones. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, me causa agotamiento este tipo de práctica. Debo admitir que esta idea no es del todo nueva, nunca me sentí cómoda compartiendo los gustos, placeres y enfoques de las multitudes. Sin embargo, ahora voy más allá, porque lo que realmente me molesta es la idealización permanente, absoluta, idílica, ciega, obediente y tan poco crítica, tan barata sentimentalmente, pobre en lo intelectual, mediocre, de mal gusto y poco original, de todo quien reproduce las fotos sucedidas con letras mayúsculas de "la heroica mujer palestina", "los valientes niños palestinos", "los mapuche indómitos", y una larga lista lamentable de etcéteras.
Es que, en primer lugar, me ofusca que se victimice o culpabilice a pueblos completos, cuando dentro de ellos hay relaciones de explotación y dominación de diversa especie. En segundo lugar, me molesta esa constante tendencia a idolatrar a alguna gente sólo por la circunstancia histórica, normalmente trágica y dramática, en que la vida lo puso. Si pudieran elegir las mujeres y los niños palestinos -como así también los hombres- no elegirían combatir soldados ocupantes. Si pudiera elegir mi tío, no querría estar en Argentina siendo motivo de inspiración de jóvenes internacionalistas (creo que preferiría estar en Chile junto a sus propios jóvenes hijos viviendo una vida normal). En tercer lugar, pienso en todos los seres humanos del planeta, en su potencial capacidad de amar y de ser amados, en sus defectos, sus miserias, sus bajezas. Su incapacidad de ser excepcionales, de ser imprescindibles. Pienso en mí misma y en todas las veces que he sido una traidora con los amigos y en las que me han traicionado también los mismos amigos (esto lo tomé también de Joumana Haddad). Pienso en mis miedos, en el pánico que sentiría de estar ahora en Homs bajo la soldadesca de Al Assad y se me pone la piel de gallina. En el pánico que sentiría si mi hermano estuviera allí. Me pregunto cómo hice para soportar Allenby y no sé cómo pude realmente: nunca más quisiera pasar por eso, nadie debería hacerlo, y sin embargo, ocurre en todo el mundo, todo el tiempo, y hay gente que lo vive a diario, y eso no los hace mártires, sólo son seres humanos que son víctimas de una situación injusta y que por ende merecen la atención de organismos humanitarios, la solidaridad internacional, y que quizás, más adelante, tengan que devolvernos la mano.
Toda esta cosa lleva a unas etiquetas absurdas, a una suerte de nacionalismos ("la patria grande", "la nación árabe"), el ejemplo más representativo, penosos francamente. Mi única patria es la humanidad. Y me regocijo pensando en cómo podemos organizarnos y relacionarnos, en cómo podemos vernos, conocer al otro como al otro, y no como a un conjunto de eslóganes vacíos al final de la jornada...

sábado, 28 de mayo de 2011

CRECER


No más lágrimas de cocodrilo ni cara de cordero degollado ni mirada de perro vago.
Se acabaron las dinámicas de victimización constante, las dialécticas del sufrimiento, los arquetipos chantas, los estereotipos manoseados, los silogismos reiterativos, las argucias olorosas a leche quemada.
Anuncio el fin de las actuaciones baratas, de las performances rascas, de los sentimentalismos raídos, de las comidas con sabor a la nada, de los clichés, del vacío, del nervio que hace doler la guata, del vino rancio, de las poses (sí, sobre todo de las poses).
Hasta nunca plagios y copias, explicaciones burdas, justificaciones que no pegan ni juntan, monólogos del olvido, amistades sujetas a modalidad, compraventa de discursos nice.
Adiós promesas de eternidad acomodaticias, interesadas, trepadoras, inconscientes e inconsistentes.
No más halagos, adulaciones, maquillajes, medias tintas.

domingo, 8 de mayo de 2011

corazón que se rompe


Ese nerviosismo, esa dolor de estómago permanente, esa jaqueca, ese vaivén insólito al caminar, esas palabras repitiéndose constantemente en la mente y bulliciosamente en los labios, esa manía por inquietarse con lo que a nadie más importa, ese silencio triste, esas manos torpes, esa cabeza que vuela y se golpea sin sentir dolor sino hasta cuando el dolor es demasiado fuerte, esa ebriedad natural.
Estoy sentada y a mi alrededor revolotean cientos de pájaros. Tengo una herida en el cuello, otra en la sien, una tercera en el pecho, una cuarta y otra quinta en cada rodilla, pero no las siento. No puedo sentir nada real, nada objetivo, nada que a cualquier otro vaya a importarle. Sólo me siento a mí misma, cómo se acelera, cómo se detiene el corazón, que zumba, ruge y late nuevamente en forma estremecedora, mareándome, confundiéndome, desmayándome, botándome. Dejándome tirada y sola en el piso. No puedo pensar con claridad: tengo pájaros en la cabeza y soy un corazón.
A veces me echaba sobre brazos ajenos, nunca supe para qué. No había consuelo ni comodidad, mucho menos contención. Estaba desesperada y necesitaba perderme entre los otros, entre los que nunca eran quienes yo quería que fueran. Andaba sola durante horas por las calles, con las manos y los dedos de los pies entumecidos, con la piel seca y las ropas húmedas, de negro entre los grises y rojos, verdes, amarillos y cafés otoñales, preguntándome qué pasaría, cómo acabaría todo, cómo acabaría yo misma, con mi angustia y mi corazón roto. Muerta de pena. Acechada por fantasmas que me hacían renguear entre los muros estrechos que transitaba en el día a día.
Y no hay finales, que aunque siempre sean tristes aunque se les considere felices, nunca realmente son finales, los eternamente tramposos. Los asesinos del amor y de las memorias.

martes, 3 de mayo de 2011

que el olvido estaba lleno de memoria, decía el poeta

Primero, primero te extrañaba. Te echaba en falta. Recordaba nuestra vida juntos como algo tan real que no podría sino volver, siguiendo el curso natural de los acontecimientos. Era un lenguaje, una dinámica, unas memorias, ciertos temas y opiniones, pequeños desacuerdos, chantajes, llantos, todo lo que es una vida juntos, aunque no hubieran alcanzado a ser años, pero no importaba. Había cierta ligereza, que sólo pueden dar la cotidianidad, el compartir la rutina, con la que te evocaba. Como si fuéramos a volver a tener algún tipo de relación, no la de antes, no podía tolerar más esa dependencia, esa indisolubilidad con que te aferrabas a mí, con la que demandabas mi constancia, la misma que yo te había ofrecido y que posteriormente, sin poderlo entender, no podía darte. Hoy lo veo, yo era una niña (y tú también). No puedes pedirle a una niña que cuide de algo más que como niña. Sufrí, aullé como animal herido cuando nos despedimos, pero yo sabía que no sería para siempre, detesto los parasiempre desdesiempre, entonces seguía evocándote en esa primera etapa de la que hablo, inconsciente, mientras me hacía una nueva rutina, veía nueva gente, hablaba nuevos temas, probaba otras rutas, me defendía, me defendía de fantasmas que me susurraban lo indecible.
Luego vino la revelación. Y te odié. Te odié y hablé pestes de ti a todo quien quiso escuchar. Despecho, resentimiento, odio, qué va. El tiempo transcurría lento, y sigue haciéndolo, conspirando. Yo te echaba de menos y tú no a mí. Pero yo no estaba dispuesta a tener lo que querías tener y no podía ofrecer otra cosa, tú tampoco. Entonces no valía la pena seguir con eso en mente: sólo un error en mi vida, una pequeña mancha en el expediente intachable, una equivocación pasajera, que sería perdonada, y yo no sabía entonces, pero lo podía presagiar: fui perdonada con efecto retroactivo, por acciones y omisiones, totalmente saneada, vueltas las cosas a su estado original, vírgenes otra vez.
Con los años, hablar de ti dejó de ser entretenido, y fuiste relegado al olvido social, a la muerte colectiva, a un pasado lejano. Pero yo no podía evitar compararte con los otros, verte en las películas que vimos juntos, recordarte al tomar alguna decisión de la que alguna vez habíamos conversado como eventualidad. Sin ti, pero contra ti.
Y tuve que poner oído a las señales para entender, para entender que fuiste importante, fundamental en cierta etapa de mi vida, y que si no hubiera sido por ti, por lo que éramos juntos, yo hoy no sería la misma, para bien o para mal. Todas las canciones que oí estos años como sedante, todo ese efecto terapéutico con voz femenina, toda esa sed de lucha con pluma feminista, todo, todo, hoy es también parte de mí. Te culpé, te maldije. Cobarde, me repetía, cobarde. Y sí, lo eras. Nunca me concediste el permiso para pensarlo, las niñas creemos necesitar licencia para todo, siempre te hacías el fuerte, entonces era una liberación dejarte, apartarte físicamente, y creerlo, creer y divulgar tu cobardía. Y lo creo hasta hoy. Pero no se lo adjudico a tu porquería, se lo adjudico a tu fragilidad, a tu vulnerabilidad. Hubo momentos intensos en que fuimos enormemente felices juntos, como los que más, no lo puedo menos que reconocer, pero hubo otros, en que me aburrías normalmente de distintas maneras. Hoy rescato todo los que nos unió, lo conservo con alegría, te veo como eras; hoy no sé si estás vivo muerto, casado/soltero/viudo/divorciado/judicialmente separado/o sólo de hecho, no sé si tienes o no hijos, propios o ajenos, si estudias o trabajas o ambas, cuántas cucharadas de azúcar le pones al té: no sé nada, salvo que dejé de quererte y hoy por fin puedo perdonarte. Puedo entender, y recordarte como recuerdo a tantos y tantas otras, y mucho más incluso, con quienes he compartido en esta vida, de casualidad. Con cariño, con cariño para no olvidar, y así relegarte a lo que te corresponde: la memoria.

viernes, 11 de marzo de 2011

De José Leonel Rugama, joven poeta sandinista asesinado por la guardia somocista

Epitafios
"Aquí yacen
los restos mortales
del que en vida
buscó sin alivio
una
a
una
tu cara
en todos
los buses urbanos"

Ángel sobre Violeta

"Madre fundadora de pueblos, adelantada a su tiempo, en permanente progreso y movimiento. Los hombres temían esa fuerza arrolladora con que transitó por la vida. Por esa razón la postergaban, la tramitaban y le mentían"

Reflexiones de viernes a la noche

Pensando. Pensando en cómo funcionan las cosas. En cómo funcionan las personas. Me ensombrecí pensando. Cerré la boca y ya estaba, me dediqué a pensar. Toda yo hecha una maraña de expectativas frustradas. Rota en el piso, lista para ser trapeada y arrojada a la basura. Pensando, pensando entre las calles favoritas, en café con leche, en gestos perdidos entre la multitud, en rabia no reconocida, en los paraqués, en las cartas que siempre esperé recibir y nunca fueron, en Huidobro y en Tellier, en mi pobre país.

Pensando se me anudó el pecho, se me olvidó lo correcto, lo que yo creía correcto, lo que me enseñaron a ver correcto, lo que parecía ser el único camino que conducía al bien, al único bien, a lo que supuestamente era el bien.

Pensando fue que garabateé sobre mil cuadernos y llené páginas de páginas y confundí siempre sensibilidad con miedo, miedo con insolencia: rebelión para los otros, no para mí. Como si la dialéctica entre el colectivo y el individuo no fuera eso, una dialéctica, unos conceptos tomados de la mano, confusos, indistintos la mayoría del tiempo.

Pensando, pensando en qué realidad es mi realidad, en qué realidad me sitúo, en qué realidad soy capaz de situarme. Pensando, pensando en las respuestas, pagando por las respuestas. En vano, inútilmente.

Pensando con forma de ovillo. Pensando desnuda. Pensando despierta y dormida. Pensando muerta de frío, con las extremidades muertas.

lunes, 10 de enero de 2011

"La capacidad de una mujer como madre, dentro de la familia patriarcal, se define en torno a sus cualidades sexuales, morales y sociales. Como contrapartida, la del hombre como padre sólo se mide según sus facultades económicas" Magrit Eichler

"Hasta hoy, la mujer se define en torno al matrimonio. Se es soltera, viuda o divorciada en relación al matrimonio... La alianza en el dedo hace mujeres a las mujeres" Simone de Beauvoir

lunes, 20 de diciembre de 2010

"Y en la cumbre del sendero alpino, grabar el humilde nombre de una mujer" (L.M.Montgomery)

Hace poco, leyendo a una feminista nacional, encontré una observación que me pareció muy inteligente. Ella sostenía que históricamente se ha aceptado la idea de que las mujeres artistas, específicamente las escritoras, son desadaptadas, locas, desequilibradas, histéricas o depresivas.
Aludiendo a la clásica obra de Mrs. Woolf, Un cuarto propio, entonces razonablemente pueden hacerse los enlaces para entender el porqué nos preguntamos esto y dilucidar que la cuestión no es tal, no es así como mansamente la aceptamos y compartimos asintiendo con la cabeza, hojeando los libros donde han desfilado las firmas masculinas, provengan del pueblo, de la religión, de la clase social, o del temperamento que sea. Y mientras tanto, la escasa -pero creciente, aunque esto no debilita mi argumento- producción literaria femenina, es entendida como el resultado de contextos de vida terribles, que nadie se querría, y se ve a la escritura como la única válvula de escape. Trampa machista. Ergo: si la pobre niña no fue agraciada, si la adolescente no fue cortejada, si la joven no fue pedida en matrimonio, si la mujer no fue madre -y de las devotas-, entonces no le queda otro camino para desahogar la amargura que la pluma, y verter así su resentimiento social. Entonces vemos fotografías de caras del pasado, bellas, ojerosas, flacas, gordas, viejas, jóvenes, con expresión de drama...
¿Pero por qué no mejor pensar en Virginia, en las posibilidades escasas de las mujeres para dedicarse al constante oficio de escribir, al desarrollo del talento -talento que ya se ve frustrado desde que es incentivada ya en la primera infancia y para siempre a las labores propias del género, consideradas socialmente hasta hoy como "menores"-, al poco tiempo y energías que quedan para sentarse a hilar frases sueltas tras un arduo día de trabajo en la casa o no sólo dentro de ella sino también fuera? ¿No será acaso que es absolutamente difícil y hasta imposible encargarse de todo, como quiere la sociedad que nos encarguemos, así, supercapaces, en la cocina, en el trabajo, en las relaciones sociales, en la cama, etc.?
Y quizás, quizás al escapar de ese mandato social, al que estamos naturalmente destinadas, y concentrarnos en una tarea que estaba normalmente reservada a los hombres, al verdadero arte, a la revolución y al amor, éstos sientan cómo su espacio peligra, y ya nadie quiera ser el novio o el marido de la mujer que se atreve a vivir como si hubiera opciones, como si se pudiera errar. Y la mujer sin un hombre en el espacio machista es amargada, histérica, loca, depresiva, etc. Es la mujer que no aspira a convertirse en madre como culminación de la vida.

domingo, 19 de diciembre de 2010

no es sequía, es ineptitud

así mismito. no he podido actualizar mi blog, pues, verán, tenía la costumbre de escribir en word y copiar para pegar acá (la adopté ya que muchas veces me pasa que paso a apretar mal una tecla y pierdo horas de trabajo), pero desde hace un tiempo esta paginita mañosamente no me lo permite. vamos a correr el riesgo de ser más espontáneos y despreocupados entonces para continuar en la escritura. escribir es lo importante, no? escribir, ese trabajo solitario del que hablaba maría luisa bombal...

sábado, 2 de octubre de 2010

Homenaje a Facturo

Facturo:

Te tomé esta foto en julio de 2006, cuando Israel bombardeaba el Líbano y Gaza, con el pretexto de destruir a Hezbollah y a Hamas, y "accidentalmente" caían asesinadas familias enteras bajo sus explosivos made in USA. Nosotros marchábamos por las calles del centro de Buenos Aires en señal de protesta. Éramos miles de personas, entre los que se contaban mi tía Gaby, Gabrielita y Dania, mi mamá y el Tallu, mi tía Paula, Salva, Cande y Zahi.

El año anterior yo había cumplido dieciocho años. Y tú estabas preso en la Brigada Antiterrorista de la Policía de Buenos Aires, a la espera de la decisión judicial que dictaminaría si serías o no extraditado a Chile. Habías llegado a esa cárcel subterránea y húmeda hace algunos meses tras treinta años de amarga clandestinidad. Y mi tía me compró un libro sobre Celia, la madre del Che, en que escribiste una dedicatoria. Decía: "sobrina, compromisos más importantes me han impedido acompañarte". Y luego copiaste esa frase de Eduardo Galeano de la que extrañamente nunca antes oí y que desde entonces tan continuamente me repito, sobre la utopía, que sirve para caminar.

Y yo. Yo que crecí sintiendo cómo querían mostrarnos que los sueños pertenecían al pasado y que los índices de productividad y el valor de la divisa eran las ilusiones del presente. Yo que crecí sintiéndome en lugares equivocados, con las ideas equivocadas, entre la gente equivocada. Me encontré en la adolescencia con un héroe en televisión que resultó ser mi propio tío. Descubrí sola ese secreto que era tan evidente pero que nadie quería ver, tu verdadera identidad. Pero nada cambiaba. Después del golpe inicial tras reconocerte en un programa de TV con un peinado con el que tal vez te conocí a principios de los ´90, cuando te llamabas de otra manera, me di cuenta de que quienes realmente somos y la decencia de cada ser humano no tienen absolutamente nada que ver con las etiquetas en que nos ponen los otros o incluso nosotros mismos. El coraje y el sentido del humor con que te he visto afrontar hasta los episodios más cotidianos, el aliento que me has dado para buscar la liberación de Palestina y de todos los pueblos que luchan por zafarse del dominio imperial, el sentido común y la razonabilidad con que vives, me recuerdan siempre esa canción de Amerindios, que se llama Sin Nombre, sobre todo la parte que dice "la vida no pregunta si uno quiere o no comprometerse...". Y tus propias palabras, que leíste ante ese tribunal el año 2005, identificándote con una generación, con un momento histórico, con unos ideales, que también son los míos, me hacen admirarte todavía mucho más. El enemigo es el mismo hoy. La explotación, el hambre, la miseria, los derramamientos de sangre se multiplican en el mundo día tras día. Esas causas que te hicieron renunciar a la posibilidad legítima de tener una vida normal, siguen hoy más vigentes que siempre. Pero la indiferencia y el individualismo se acrecientan. ¿Qué pasa? Ganaron los malos, pero sólo una batalla. Mientras existan espacios para el horror, existirán espacios para el triunfo de la justicia y las reivindicaciones de los oprimidos de siempre. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Mi tía Paula me cuenta que me ibas a buscar al jardín infantil de la Universidad de La Frontera. Poco después, en San Martín de los Andes, me bautizaste como "facturita" ante mi devoción por las masas rellenas. Y yo te puse Facturo. Imagino que a mis viejos les gustó para no tener que decirte Héctor y tampoco Sergio o Salvador, los nombres prohibidos. Así quedaste, como Facturo. Y hoy por fin la Argentina te abre una posibilidad de vivir tranquilamente, que los milicos traidores cerraron con sus tanques ese sangriento ´73. Pero no puedes salir del país, menos volver a tu país. No necesitas que lo diga, pero ¡cómo es injusto que los terroristas de Estado hayan quedado impunes y que los luchadores populares sean castigados y perseguidos políticos!. Sin embargo, no pierdo las esperanzas de que vengas cuando se hayan abierto las alamedas por donde caminemos los hombres y las mujeres libres.

Te mando un abrazo muy fuerte, con toda mi alegría, cariño y devoción incondicional;
tu sobrina Nadia.

Santiago, sábado 2 de octubre de 2010.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Algunas frases de películas que siempre me repito


"De cuando miraba hacia tu ventana, porque no sabía tu nombre. Y tú soñabas con un mundo mejor"

(La Ventana de Enfrente)


"Yo tenía diecinueve años y nunca había visto nada tan hermoso: eras tú, cruzando la puerta de vidrio, y estabas dormida"

(Las Horas)


sábado, 4 de septiembre de 2010

De Julio Cortázar


"Y diré las palabras que se dicen, y comeré las cosas que se comen, y soñaré las cosas que se sueñan, y sé muy bien que no estarás..."


"Fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el viento soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro..."


miércoles, 1 de septiembre de 2010

miércoles, 28 de julio de 2010

Sí, vale la pena...

Un afortunado y soleado día de septiembre de 2008 iba yo caminando por la Quinta Avenida, en Nueva York. Al llegar a la 47 st., que es la calle de los diamantes, cuyos propietarios son los miembros de la comunidad judía local (la más grande del mundo, cuadruplicando a la de Israel), puse atención a la conversación que sostenían un grupo de jóvenes españoles, turistas como yo. Con ese acento exquisito, uno de ellos le explicaba -con una convicción que ya la quisiera yo- a los otros cómo es que los palestinos eran los habitantes originarios de Palestina y los judíos, que conforman lo que se dice Israel, sólo habían llegado en oleadas migratorias a colonizar el lugar motivados por una ideología política, nacida en la Europa de fines del siglo XIX, llamada sionismo.
Porque hoy hay gente como este muchacho, caminando por las calles del mundo, libres, conversando con los amigos, levantando la voz por una cuestión que le parece tan clara y justa, que hasta hace algunas décadas era impensable, es que vale la pena el "tiempo perdido" en escribir, redactar, organizar, pensar, movilizar,...